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5 abril, 2021 Noticias

“Aprendí que, si no puedes ser feliz con pocas cosas, no vas a ser feliz con muchas cosas” Pepe Mujica

 

 

De repente surgen situaciones inesperadas que, por lo que representan, nos llevan a tomar decisiones prontas y efectivas. Es como si, súbitamente, tuviéramos la necesidad de desprendernos de muchas cosas que, sin darnos cuenta, fueron convirtiéndose en un lastre del que nunca calculamos su magnitud. Surge un requerimiento imperial: aprovechar hasta el más mínimo instante porque pareciera que el tiempo para lo realmente importante se hace limitado ante la sensación de que una idea nos piensa. Se extingue la libertad y las ataduras con el ego se manifiestan desde el agobio por haber empeñado la felicidad en cosas lejanas a lo imprescindible.

Soltar: esa es la palabra que comienza a rondar en nuestros pensamientos porque su dimensión se hace inocultable. Obsesiones que aprisionan al alma, nudos emocionales que limitan la acción, pinceladas de grises que no permiten captar el color de un paisaje que habría de ser creado con el toque de cada segundo. Vergüenza por lo hecho o lo dejado de hacer. Desasosiego por haber conjugado el verbo aplazar cuando algo era perentorio. Sensación de soledad que nos cuestiona cuando miramos si la ruta era la correcta y si verdaderamente supimos ser cómplices o más bien estuvimos ausentes. La película de la vida rueda a velocidades vertiginosas y por momentos se detiene en algunas escenas que generan turbulencia y más interrogantes, como si hubieran pasado por nuestra vida sin habernos percatado de ello.

Cuando decidimos ir ligeros de equipaje, también es menester despejar los verdaderos criterios de vida para no permitir que se filtren la vacilación o la duda. Es cuando las habilidades opacan al saboteo del temor y se presenta el legítimo derecho de equivocarse como parte del camino hacia la conciencia real. Es asumir lo elegido con tenacidad y empuje porque la fuerza proviene del Espíritu y no permite agotamiento ni mucho menos desfallecer. Es realizar el ejercicio de vivir, pero con la convicción de no desperdiciar el más mínimo esfuerzo en cargas inútiles provenientes del espejismo de ambiciones cicateras y mezquinas. Es recuperar la sublime potestad de discernir e ir en búsqueda de los sueños sin arquetipos prefabricados. Es mirar desde la intimidad al ser prodigioso que somos, para reservar el brindis del silencio que nos seduce para reivindicarnos con nosotros mismos.

Que, en adelante, podamos ir ligeros de equipaje para que esa inteligencia simiente pueda ser alimentada desde el recinto sagrado y secreto de un corazón amoroso…

Alejandro Posada Beuth

 



28 marzo, 2021 Noticias

“La vida no se mide por las veces que respiras, sino por los momentos que te dejan sin aliento” Kevin Bisch

 

Vivir el instante es vivir en presencia, en el “a-hora” (sin tiempo), es renunciar a las connotaciones de lo ya sucedido o lo por venir. Es la posibilidad de hacer honor a la verdadera dimensión de un momento excepcional que, por serlo, de manera inevitable ha quedado registrado en las profundidades de nuestro corazón. Es despertar la conciencia para estar verdaderamente atentos a la expansión creativa, sin fraccionar la realidad. Es vibrar con el conocimiento más que con el dogma. Es salir del sueño para sentir la vida e intrínsecamente experimentarla desde la plenitud.

Observar en silencio es disipar la sombra o la confusión, dominando al pensamiento en búsqueda de la claridad. Eso es vivir el instante: salir de la inquietud para entrar en la paz reservada al recogimiento y reconocer así la grandeza de la existencia que en ocasiones solo es valorada cuando se ve amenazada. No es, ni mucho menos, renunciar a proyectarse al futuro o pasar de manera superflua cada día. Es más bien, comprender que en cada segundo está inmerso un milagro digno de ser considerado.

Vivir el instante es ir más allá del tiempo y el espacio, donde la cercanía solo se mide a través de las matemáticas del corazón. Donde existe una sensación de comunicación permanente con la esencia hasta el punto de que la recompensa está en descubrir la sabiduría emocional, en traspasar la penumbra de los días grises desde las instrucciones para el aprendiz y desde los desafíos para el guerrero interior.

Vivir el instante es dejar ir con integridad y respeto, es moderar la intensidad de las sensaciones, es fluir sin atesorar para no engendrar frustraciones. Es también, avanzar sin la presión del calendario y con la certeza de hollar el sendero en el sentido en que la balanza se inclina a favor de los actos que revelan al verdadero ser que siempre custodia la expresión de la libertad, comprendiendo los reductos inviolables, el honor y la consideración.

Es por esto que, en el instante, la intimidad y la privacidad recuperan el carácter de lo sagrado. La escucha reivindica la importancia del otro y se exaltan dignamente y con el mejor de los criterios, los atributos ajenos que, al fin y al cabo, son pertenencia de la humanidad.

Que, en adelante, vivir el instante nos permita reconocer la obra perfecta que somos…

Alejandro Posada Beuth



18 marzo, 2021 Noticias

 

“Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo”

Mario Benedetti

 

El registro de los días seguramente va ligado al inventario de las cosas idas, pero también a los caminos y posibilidades de muchos escenarios construidos. El abanico de las potencialidades, las expectativas y los anhelos sin duda habrá trascendido lo que en un principio eran solo ilusiones. La recompensa con frecuencia se ubica en aquello que siempre permanece más allá del tiempo, en lo que de verdad ha ocupado un rincón de privilegio en nuestro corazón y que difícilmente ha de quedar en el olvido.

Promesas dibujadas, momentos de magia y entusiasmo, misterios que aún dejan huella, sentimientos recogidos, agonías de sufrimientos ya vencidos, fronteras diluidas, escalones de fantasías y utopías ya recorridos, faros encendidos, lienzos coloreados de experiencias convertidas en maestrías, esquemas reemplazados por metáforas y ocurrencias desbordando la cordura, cantos convocados en soledad, manos extendidas al vacío, prisas convertidas en amor por el silencio y la pausa, ambiciones y codicias del ego derrotadas por el asomo del alma. Esto es lo que se vislumbra más allá del tiempo.

Y con el trasegar de los calendarios nos damos cuenta de que las diferencias van quedando en lo no relevante, el desapego nos invita a tomar distancia de lo innecesario, se encienden las relaciones con lo esencial y se cambian las tensiones por atenciones porque la cuerda de la vida va ajustando su verdadero tono. Las añoranzas se transmutan en presencia desde la cercanía y la confianza. Se reivindica al ser sin ataduras y en comunión con el reducto inviolable del honor y la estimación. Surgen nuevas elecciones, pero desde el criterio y la sensatez. Se da paso a la intuición como consejera de la razón y se abren las puertas hacia el avance y la realización.

Ir más allá del tiempo es disfrutar a plenitud reconociendo con ojos nuevos lo inmensurable y vibrando en las mejores frecuencias para contagiar sonrisas y celebrar la existencia. Es jerarquizar para eliminar distracciones y preservar las fortalezas con valor y determinación. Es perseverar con gratitud, paciencia y curiosidad, liberando pensamientos preconcebidos y sin claudicar ante las piedras del sendero. Es fluir sin divagar, desenmascarar al crítico que llevamos dentro y tener el privilegio de mirar en las profundidades.

Más allá del tiempo, habremos de encontrarnos con la fe y la certeza de los buenos vientos para volar en dirección de nuestros sueños, en sintonía con ese mundo mejor…

 

Alejandro Posada Beuth

 

 



11 marzo, 2021 Noticias

“La intuición es el susurro del alma”. Krishnamurti

 

No siempre la razón está detrás del conocimiento. La verdad develada puede ser producto de “algo” más sutil que nos contacta con la Conciencia de la Unidad y que en ocasiones no puede explicarse desde el entendimiento o el intelecto. Comprender de manera clara e inmediata puede ser producto de una “corazonada”, que suele suceder cuando estamos desligados del pensamiento ordinario y el alma susurra al oído anunciando que ha llegado el momento de que un pensamiento semilla germine.

Estar en el aquí y ahora nos hace receptivos a sensaciones nuevas, a emociones y experiencias extraordinarias, a saltos sin razonamientos que nos llevan al mundo de la intuición, a la mente profunda, a lo que aún no se ha manifestado, a las ideas inspiradoras de un estado contemplativo donde hay espacio para la incertidumbre y para la escucha desde el silencio reverencial.

Es entonces cuando la máxima sabiduría se fusiona con el místico que hay en nosotros y pareciera que el inconsciente colectivo conspirara para extraer un saber ya dado, que ha esperado pacientemente al momento prudente para ponerse en evidencia. Es como si el tiempo sin tiempo vibrara en concordancia y al unísono con la esencia del ser, en la búsqueda de lo certero, disipando confusiones y dejando atrás al mundo de la ilusión o la fantasía.

En ocasiones esa intuición simplemente ocurre en lo cotidiano cuando la mente absorta se abstrae del control y de la necesidad de dominar. Solo divaga sin ataduras y da rienda suelta a la imaginación, más allá de los instintos. Es así como el corazón nutrido de sentimientos de infinita nobleza, se convierte en portador de lo sublime y lo excelso, para ser elevado a la condición de lo jerárquicamente indispensable.

La mente que observa sin críticas ni juicios, es la antesala para que la ternura y el afecto se fusionen en la prudencia y la sensatez, que pueden llegar a convertirse en los mejores elementos para acunar aquellos instantes de iluminación interior donde se manifiesta lo más diáfano de la raza que llamamos humanidad.

Que lo que la mente ignora sea reemplazado por el regalo Divino del conocimiento más auténtico, para que cada acto sea conducido desde la pureza de intención y entonces podamos reconocernos y aceptarnos con todos los matices que honren al individuo dentro de lo colectivo.

Alejandro Posada Beuth



5 marzo, 2021 Noticias

“Saber proponer lo efímero se ha convertido en una de las mayores virtudes de nuestro tiempo” Pierre Sansot

 

 Y ¿Qué tal si este, que llamamos proyecto de vida, pudiéramos experimentarlo en comunión, desde intereses similares, haciendo el aporte libre y espontáneo de talentos y buscando navegar en la misma dirección? ¿Cómo sería si nos acompañaran la confianza y el equilibrio suficientes que nos llevaran a empoderarnos con firmeza y en ausencia de temor, para lograr esa visión dichosa y positiva que nos permitiera encontrar el bien-estar mutuo? ¿Qué ocurriría si encontráramos ese factor universal que devolviera el brillo a nuestra existencia y dispusiéramos de las herramientas suficientes para compartir, hasta con derroche, el privilegio de vivir?

Yo te propongo que volvamos a lo simple, a mirarnos desde el alma, sin veredictos, avivando el fuego de esa hoguera de amor sin condiciones que habita en nuestro corazón. A acompañarnos para disfrutar sin vanidades y a fundirnos en un abrazo prolongado, sin expectativas diferentes a las de encontrar, naturalmente, el paraíso de la libertad que se vive desde la posibilidad de soñarnos en el intento por la conquista del Ser que somos.

Te propongo también que rescatemos el aroma de la cercanía, para que nos crucemos deponiendo intereses personales y dándole paso a nuestras más nobles intenciones, a los anhelos mayores, para que podamos acariciar la aurora de colores que es la vida y, de esa manera, caminar juntos despojados de títulos y egos, para inventarnos cada amanecer con la ilusión de poder comunicarnos desde la palabra sabia, el corazón amoroso y la sonrisa que arropa. Seguro así podremos refugiarnos en el gesto amable y la manifestación de cariño y consuelo que desplacen el rechazo y el abandono.

Te propongo reciprocidad de pensamientos legítimos, auténticos y llenos de verdad. Calor, apoyo y ternura en los momentos en que la fragilidad se asome. Protección, seguridad y honestidad al momento de buscar el sendero que habrá de contactarnos con la conciencia plena. Salir del automatismo para vivir intensamente cada segundo desde el asombro y con la capacidad de maravillarnos ante un mundo donde no tengan cabida la culpa o el remordimiento y en el que podamos disfrutar caprichosamente de cada situación, implicados y convencidos de aceptarnos sin etiquetas para saborear el instante, renegociando con el pasado fugaz para curar las heridas y enfocarnos de nuevo en lo primordial.

Te propongo volver los ojos a Dios y regresar al origen: a la Fuente…

 

Alejandro Posada Beuth



26 febrero, 2021 Noticias

 

“La fragancia queda siempre en la mano de quien levantó la rosa” George William Curtis

Aromas que regresan de repente, fragancias inconfundibles que evocan lo vivido y que nos invitan a escudriñar en lo más profundo de nuestro corazón, donde yacen los recuerdos. Allí, como por arte de magia, se despliegan las vivencias sublimes, a manera de torrentes sin fin que provocan las más grandes tentaciones para sucumbir ante el privilegio de los instintos que ahora se desbordan sencillamente porque son irreverentes ante las restricciones.

Aromas de los tiempos pretendidos que nunca se fueron, de las caricias que perduran como el más valioso de los perfumes o de los gestos que aprobaron los más bellos momentos que permanecerán en la hoguera sin fin de las pasiones deliciosamente perversas.  Ese olor que quedó grabado en el instante inconfundible y que jamás permitirá borrar la huella inscrita en lo profundo.

Aromas que se esparcen en el vuelo del derroche o en la penumbra del remanso, que nos llevan al paraíso de los hechizos hasta embriagarnos en las más fantásticas alucinaciones y que nos despojan de los anhelos porque ahora, en el recuerdo presente, se tornan tan reales que es inevitable sentirlos. Aquello que siempre quedó y que se perpetúa en el candil de las reminiscencias que jamás se apaga. Lo que estuvo retenido en el concierto de los motivos o en la brisa que recorre las infinitas estaciones del amor.

Aromas que desafiaron el mito de las noches indescifrables o que quedaron en los sorbos insuficientes con sabor a intimidad o, tal vez, en la fascinación de una mirada que, aún ahora, se prolonga más allá de allá. Fragancias de secretos inéditos en la complicidad de tiempos irrepetibles. Confidencias solidarias guardadas con respeto en el baúl de lo celosamente cuidado. Magia en la promesa de una compañía silenciosa que auxilia cuando se asoma la angustia. Fuerza para no desfallecer en el intento y sonrisas para pintar de ilusiones el paisaje de la existencia.

 Aromas que invitan al regreso, dejando pasar sin nostalgia las hojas del calendario para comprender, por fin, que siempre hubo una razón y que lo que pudo ser es el mejor de los pretextos para que sigan existiendo la seducción y el encanto por lo elemental y lo sencillo, donde habita Dios.

Que siempre que pases por la vida, quede el aroma suficiente como para que dejes huella en aquel que pudo intuirte…

 

Alejandro Posada Beuth


VIAVIDA

Somos una empresa comprometida con la vida, creada y conformada desde el año 2001 por un grupo de médicos colombianos, cuya actividad docente, asistencial e investigativa, de más de 30 años converge a través de un enfoque sistémico en la Sintergética* como una propuesta integrativa de los distintos paradigmas terapéuticos del mundo.

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