BLOG


26 febrero, 2021 Noticias

 

“La fragancia queda siempre en la mano de quien levantó la rosa” George William Curtis

Aromas que regresan de repente, fragancias inconfundibles que evocan lo vivido y que nos invitan a escudriñar en lo más profundo de nuestro corazón, donde yacen los recuerdos. Allí, como por arte de magia, se despliegan las vivencias sublimes, a manera de torrentes sin fin que provocan las más grandes tentaciones para sucumbir ante el privilegio de los instintos que ahora se desbordan sencillamente porque son irreverentes ante las restricciones.

Aromas de los tiempos pretendidos que nunca se fueron, de las caricias que perduran como el más valioso de los perfumes o de los gestos que aprobaron los más bellos momentos que permanecerán en la hoguera sin fin de las pasiones deliciosamente perversas.  Ese olor que quedó grabado en el instante inconfundible y que jamás permitirá borrar la huella inscrita en lo profundo.

Aromas que se esparcen en el vuelo del derroche o en la penumbra del remanso, que nos llevan al paraíso de los hechizos hasta embriagarnos en las más fantásticas alucinaciones y que nos despojan de los anhelos porque ahora, en el recuerdo presente, se tornan tan reales que es inevitable sentirlos. Aquello que siempre quedó y que se perpetúa en el candil de las reminiscencias que jamás se apaga. Lo que estuvo retenido en el concierto de los motivos o en la brisa que recorre las infinitas estaciones del amor.

Aromas que desafiaron el mito de las noches indescifrables o que quedaron en los sorbos insuficientes con sabor a intimidad o, tal vez, en la fascinación de una mirada que, aún ahora, se prolonga más allá de allá. Fragancias de secretos inéditos en la complicidad de tiempos irrepetibles. Confidencias solidarias guardadas con respeto en el baúl de lo celosamente cuidado. Magia en la promesa de una compañía silenciosa que auxilia cuando se asoma la angustia. Fuerza para no desfallecer en el intento y sonrisas para pintar de ilusiones el paisaje de la existencia.

 Aromas que invitan al regreso, dejando pasar sin nostalgia las hojas del calendario para comprender, por fin, que siempre hubo una razón y que lo que pudo ser es el mejor de los pretextos para que sigan existiendo la seducción y el encanto por lo elemental y lo sencillo, donde habita Dios.

Que siempre que pases por la vida, quede el aroma suficiente como para que dejes huella en aquel que pudo intuirte…

 

Alejandro Posada Beuth


IMAGEN-LEALTAD.png

18 febrero, 2021 Noticias

“La lealtad es una decisión, una resolución del alma”

Pascal Mercier

 

El regreso al ser esencial tiene como uno de sus principios básicos la lealtad. En la fidelidad y el respeto profundo reside la inmensidad de algo tan preciado como el poder sentir siempre el respaldo sin condiciones, la convicción y seguridad de que, juntos, el camino por recorrer será acompañado por los vientos de la compañía cercana y certera, en el rotundo empeño por la conquista de lo breve y eterno.

Es fácil coincidir en la sonrisa cuando el corazón nos dicta sentimientos auténticos de comunión con el otro por que la llama del despertar se mantiene en la alquimia de una mirada o en el vuelo en sintonía o, tal vez, en el silencio insuperable que se desprende de un gesto que no requiere explicación. La lealtad lleva implícito el permiso porque las distancias se diluyen y se traza sin prisa el derrotero del retorno a la devoción y los sueños.

Lo ajeno es custodiado con tal reverencia y consideración que ni la costumbre ni la inercia permiten asomar el más mínimo riesgo de una traición. Se llega a interiorizar de tal forma lo sagrado en el otro, que simplemente ya se intuye el círculo infranqueable que jamás será vulnerado. No hay lugar a resistencias porque en el abrigo mutuo está el afianzamiento que salvaguarda la integridad de lo que ha sido labrado con esmero e impecable cuidado.

La lealtad deshace cualquier intento de división o discordia porque cada paso dado se fortalece en la voluntad inquebrantable, reflejo de quienes respiran al unísono, manteniendo el aliento para darle fuerza y tenacidad a propósitos sinceros, repletos de desprendimiento y abnegación. La selección meticulosa de lo mejor que hay en nosotros es la garantía de que todo ha de fluir y de que asistimos a la agonía de la mezquindad y la disputa por el ego.

La ventana hacia lo inagotable se abre cuando la confianza desplaza al temor y ello es producto de navegar con quien nos protege y se reconoce solidario en el afán de llegar al destino elegido. Así se voltea la página de las heridas y se conecta con la calma que habita en la caricia y el consuelo. Las promesas quedan inscritas con sello de compromiso y reconocimiento. Las ilusiones se tejen porque la urdimbre entrecruza los hilos de la honestidad y la transparencia. Las memorias y las ambiciones, como repertorio de los anhelos, se reúnen en el milagro de la balanza justa para que el paisaje dibujado no sea otra cosa que la emergencia del alma.

Que un corazón sereno sea la consecuencia de nuestra lealtad imperturbable…

Alejandro Posada Beuth



13 febrero, 2021 Noticias

 

“El destino no reina sin la complicidad secreta del instinto y de la voluntad”

Giovanni Papini

Un perfecto código que nos hace confidentes en la fascinación de una compañía profunda que intuye y siente desde lo insondable. Un lenguaje íntimo que es interpretado desde el silencio porque el encuentro ya existía desde mucho antes. La convicción de ser uno en ese sueño impostergable. Secretos inéditos que ahora el alma interpreta sin la necesidad de ser narrados. Rutinas reemplazadas por el asombro y la delicia de contemplar juntos cualquier cosa que ahora resulta ser extraordinaria. La necesidad de cuidar del otro porque ya es esencia de nuestro ser. El encanto de una conexión que invita a cruzar la vida sin temores porque a su lado se disipan los imposibles: ¡Eso es ser cómplices!

Afinidad sin límites porque es un solo corazón el que siente. Dar por terminada la búsqueda porque ahora es la certidumbre la que habita al interior. Acuerdos implícitos porque las discusiones se diluyen en un beso. Promesas de colores porque la cercanía ya es garantía de matices todos nuevos. Derroche de suspiros porque ahora, hasta el frío de los momentos complejos y las noches sin estrellas, es compartido. Anhelos que nos despojan de codicias y alucinaciones para beber los sorbos de lo simple, donde mora Dios. Instintos que despiertan la hoguera de la provocación para fundirnos en un abrazo: ¡Eso es complicidad!

Contener el yugo de la memoria para dar paso a las vivencias que aún esperan impacientes a que se abran las puertas de la tentación. Camuflarnos en acordes y melodías para tener el privilegio de escribir juntos la partitura del nuevo amanecer. Disfrutar sin condiciones la aventura de embriagarnos en el hechizo del tiempo pretendido, para luego descubrirnos en el remanso de la plenitud. Intentar de nuevo lo que parecía esquivo para instalarnos en la fuente de las determinaciones y la fe. Ser artífices de los aromas y fragancias que insinúan el olvido de lo no indispensable: ¡Eso es ser cómplices!

Llevar de nuevo el brillo a la penumbra y la melancolía para que, en adelante, solo sean testigos de que era posible levantar el vuelo. Encontrar el paraíso de la libertad en el auxilio y la solidaridad porque es cuando, por fin, comprendemos que en el servicio reside el verdadero gozo. Encender el candil que evoca el fulgor del halo misterioso con destellos de vida que se desprenden de lo que parecía el ocaso, porque al final siempre hay una luz. Llenarnos de motivos para que el vacío sea solo el preámbulo del abrigo para quien añora la palabra de aliento: ¡Eso es complicidad!

Alejandro Posada Beuth

 



3 febrero, 2021 Noticias

 

“No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió” Joaquín Sabina

 

 Tantos aromas, imágenes o palabras que quedaron en el recuerdo pero que inducen al regreso, para darnos cuenta de que no fue solo flor de un día y que aún el fuego eterno de la nostalgia rememora vínculos ineludibles entre lo pasado y lo presente. Historias y más historias cargadas de expresiones sin fin. Arrepentimientos, culpas o simplemente añoranzas por aquellos momentos que pudieron haber tenido a la alegría y el gozo, como los mejores ingredientes y que por eso, en definitiva, se niegan a retirarse.

En ocasiones instantes enmarcados por el sufrimiento o en otros por las notas de un violín que imprimía juramentos en la partitura de la vida y que pudieron haber viajado en alguna de esas singulares naves del olvido. Tal vez, otros momentos evocando la noche callada que tan solo sellaba otro final. O a lo mejor la memoria de una respiración afanosa buscando refugio o seguridad. O quizás la muerte lenta de lo más íntimo que, inevitablemente, era conjugado con lágrimas para refrescar el alma.

Sentimientos de abandono y soledad haciendo parte del equipaje más próximo a una ausencia, combinada con melancolía o con una profunda sensación de la cercanía al abismo. Dulzura convertida en penas. Anhelos que reclamaban el retorno, ilusiones extintas por realidades insuperables, lazos rotos por el implacable paso del tiempo y, seguramente, huellas que quedaron registradas como fósiles de más vivencias.

Pero también fantasías y sueños que ahora, al regresar invocados por la nostalgia, intentan ocupar un lugar de privilegio para refrendar lo esencial. Destellos de luz que quieren vestirse de colores, de magia y de pasión. Acordes que dialogan para vibrar en las más bellas frecuencias que superen y trasciendan las murallas de la soberbia y la altivez.  Pensamientos que ahora se deleitan porque se conjugan de manera caprichosa para enaltecer la inteligencia y desafiar las fronteras de lo irracional.

Por ello la nostalgia ahora reclama ser mirada con los ojos de la aceptación. En ella se incuban sentimientos renovados que han de permitir que lo que antes no pudo ser, ahora se armonice y disponga de licencia para continuar en el sendero de retorno, con la certeza de que la hora de plasmarse ha llegado.

Que la nostalgia solo catapulte aquello que estaba en potencia para que finalmente se encuentre con la historia sin tiempo que espera leerse desde un corazón presente en lo inmortal del instante…

Alejandro Posada Beuth



28 enero, 2021 Noticias

 

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles” Bertolt Brecht

 

Nuevos vientos, otros sueños, más ilusiones, pero también más recuerdos, nostalgias, añoranzas…

Sin embargo, siempre hay cosas irreemplazables e insustituibles, como ser arquitectos de nuestros propios sueños o como dibujar un destino o ir en búsqueda de la felicidad y el equilibrio. Es imprescindible llegar a acuerdos con nosotros mismos para permitirnos recuperar la posibilidad de abrazar la vida o atesorar tantos momentos que se han ido o, simplemente, diseñar el jardín de colores para transmutar el dolor en el despertar del alma. Son necesarias la aventura y la pasión para que la rutina sea vencida y para que el nuevo canto se contagie a raudales desde el fluir sin resistencia. Resulta fundamental también calmar los temores y sembrar serenidad a partir del silencio de quien observa sin juicios. Es primordial, así mismo, dejarnos seducir por lo sublime, por lo que anuncia la nueva página, más allá de los días, y por convertir lo probable en evidencia y convicción.

Es esencial reemplazar la lejanía por una compañía sin condiciones, o el llanto lastimero por la creencia, la confianza y la esperanza. Es importante también dejar correr la nube y callar mientras pasa para ver luego con entusiasmo y reconocer la sorpresa en cada suceso. ¡Qué bueno sería encontrar en el amanecer la mejor excusa para agradecer la existencia y llenarnos de buenas ideas, mejores augurios y desafíos por emprender! Sería maravilloso recuperar la capacidad elegir desde el optimismo y no desde las limitaciones. Aceptar el intento antes que pensar en la derrota y tener, en la misión, el mejor pretexto para mantener las aspiraciones. Suspirar en señal de satisfacción y no de clamor. Olvidar, si lo que se evoca no edifica.  Pintar de fervor y esfuerzo a la melancolía y avivar el fuego y la fuerza del amor.

Que bueno sería dejar la insensatez y más bien regresar al arte y la magia de mirar a través del prisma que refleja la transparencia y la pureza.  Cambiar los desvelos por el consuelo y enhebrar vivencias, con sabor a equipaje, que rehúsan al hastío. Sería precioso cambiar el escenario y añadir a cada acto una buena dosis ternura y compasión. Volver a estar presentes de corazón para dejar a un lado las ausencias y recorrer el camino juntos. Regresar a lo elemental para reencontrarnos en lo sencillo de las grandes motivaciones. Vestirnos de humildad y prescindir del orgullo y la prepotencia. Asumir la actitud de quien tiene sed de conocimientos adobados de un noble sentir. Sería bonito rescatar la sonrisa para contactar al niño sabio que habita en nosotros y que no condiciona sus momentos espléndidos con falsas etiquetas o con la necesidad de la apariencia.

Que lo imprescindible desplace a lo no indispensable y que reasignemos los genuinos valores al propósito mayor: ¡la vida!!

 

Alejandro Posada Beuth



21 enero, 2021 Noticias

“Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida…”

(Canción de las simples cosas. Autor: Armando Tejada)

 

Uno se inventa un diálogo consigo mismo y resulta delicioso rescatar esa conversación que estaba pendiente. Tantos interrogantes, tantos cuestionamientos e incertidumbres y también tantas ilusiones buscando eco hasta que por fin llega el momento ineludible de sentarnos a escuchar la propia voz.

Y entonces Uno se pregunta: “¿Qué sucedió? ¿A dónde se fue el tiempo? ¿De dónde surgieron la risa o el llanto? ¿Qué fue de aquello que pudo ser? ¿Dónde quedaron los cómplices de este viaje? ¿Qué de lo que fue un sueño es palpable ahora? ¿Cuántos intentos son ya logros? ¿Y a dónde llevó el viento esos versos? ¿Qué sucedió con tantas puestas a prueba? ¿Cómo se escabulleron esos deseos? ¿Qué pasó con la lluvia que diluyó la nube? ¿De dónde surgió la luz cuando todo parecía opaco? ¿En qué lugar quedó la presencia? ¿Quién se fue con ella?

¡Uhm! Y Uno se cuestiona: ¿Cómo calmar la sed de abrazos y reencuentros? Realmente, ¿Qué quedó atrás sin rencores o ataduras? ¿Cómo seguir navegando y a dónde ir? ¿Queda aún algún secreto? ¿A dónde van las caricias ahora? ¿Cuál es el nuevo pretexto? ¿Aún existen las fronteras? ¿Cuál será el momento del regreso? ¿Por qué se encharcan los ojos? ¿Cómo avivar el fuego? ¿Hasta cuando el invierno? Y ¿qué esperar en primavera? ¿A quién veremos en el nuevo amanecer?

Y Uno se dispone a escuchar y pareciera que el silencio es suficiente señal y que el espacio espera con paciencia mientras el reloj se deleita en la pausa. Y Uno respira y siente el gozo de estar vivo. Y Uno escucha el concierto plasmado en la partitura de la existencia, repleto de notas de ternura. Y Uno intuye que la ausencia, el frío y la soledad se disipan y que el optimismo retoma su trono. Y Uno siente que es tiempo de morir a lo no sustancial y de retornar a lo sencillo y elemental, a la grandeza de lo simple…

Y entonces, Uno retira las hojas del calendario y se da cuenta de lo valioso del instante de cada instante. De la importancia de partir cada día en búsqueda de los sueños. De imaginar la renuncia a la soberbia para crear el mundo de las posibilidades. De volver a expresar “lo siento” cuando, con humildad, nos reconocemos vulnerables.

Y así, “Uno se despide, insensiblemente, de pequeñas cosas y Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida…”

Alejandro Posada Beuth


VIAVIDA

Somos una empresa comprometida con la vida, creada y conformada desde el año 2001 por un grupo de médicos colombianos, cuya actividad docente, asistencial e investigativa, de más de 30 años converge a través de un enfoque sistémico en la Sintergética* como una propuesta integrativa de los distintos paradigmas terapéuticos del mundo.

Todos los derechos reservados.