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6 agosto, 2026 Eventos

Sintergética

Una filosofía de vida y salud para ser aplicada de forma integral

 

La Sintergética introduce un enfoque innovador en la comprensión de la salud y la enfermedad. Creada por el Dr. Jorge Carvajal Posada, fruto de décadas de investigación, engloba todos los sistemas terapéuticos que trabajan con la bioenergética, integrando medicinas y filosofías de Oriente y Occidente.

La Sintergética opera con un programa formativo completo y una filosofía de vida, que fomenta la salud como un concepto integral, abordando los aspectos físicos, emocionales, mentales, relacionales, el proyecto de vida y la conexión de la persona con su entorno.

Módulo I:

El Espíritu de la Síntesis, y los Grandes Territorios Terapéuticos

 

 hacia una práctica terapéutica integral.

 

Contenido: 

 

  • Marco conceptual de la Sintergética: las eras médicas y la vía de la síntesis.
  • Visiones del mundo y metáforas culturales de la ciencia en la práctica sintergética.
  • El símbolo humano: los códigos del cuerpo.
  • El biocampo y las energías biológicas.
  • Los sistemas de conducción de señales en el organismo. Enfoque terapeútico.
  • La humanización de la terapéutica.

Taller de práctica clínica por grupos: las herramientas terapéuticas y su manejo. Los pulsos y el balance energético.

 

Docente Módulo 1: Dr. Jorge Aníbal Montoya Sierra

  

 

  Valor módulo: $ 820.000

Si pagas antes del 12 de agosto del 2026 

 

 

¿Qué aprenderás en este módulo?

 

En este primer módulo tomarás contacto con el contexto de la sintergética, sus orígenes, sus sustentos. Comprenderás la noción de conciencia, reconociendo cómo puedes trabajar desde ese contexto abarcante e incluyente sobre la información y la energía para transformar la materia.

Ampliarás tu visión del mundo, de la vida, la enfermedad y la muerte encontrando el valor del caos cuando de él podemos emerger con un sentido y propósito mayores.

Descubrirás la importancia de una verdadera humanización de la terapéutica y aprenderás a manejar una valiosa herramienta de diagnóstico y seguimiento en la terapia: el pulso.

 

 

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PROGRÁMESE y Consulte AQUÍ las fechas de los próximos módulos.

 

 

 

Video Introductorio a cargo del Dr. Jorge Iván Carvajal Posada

         

POLITICAS DE VENTA Y DEVOLUCION 

 

 

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Si conoce a alguien que pudiera estar interesado, por favor, hacerle llegar esta información.

 

      

         

MÁS INFORMACIÓN:

  Teléfono: (604) 448 12 52

Celulares: +320 671 9007 – +57 3006445757

   Mail: viavida@viavida.com.co

     Página Web: www.viavida.com.co

 

 


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17 julio, 2026 Eventos

 

¿TE GUSTARIA APRENDER LAS TECNICAS DE CURAR Y SANAR CON LAS MANOS ?

La Formación en Manos para sanar nos muestra cómo usar las manos para fomentar un estado saludable, prevenir enfermedades y ayudar

a curarlas si ya se han producido. Manos surge de la Sintergética, una propuesta terapéutica concebida por el doctor Jorge Carvajal que busca la integración de los sistemas médicos de las grandes culturas humanas con el sistema médico occidental, con el fin de contribuir a una nueva cultura de salud donde la persona pueda ser vista y tratada de forma integral.

Manos se basa en los mismos principios y está dirigida a todas las personas, con el objetivo de despertar el potencial sanador que todos llevamos dentro. Cuando las manos se conectan al amor y la Inteligencia, surge esa prodigiosa unión que se da en el acto creador. Es el secreto del empleo de las manos para curar, un acto creador por excelencia.

“Todo ser humano posee a través de sus manos un potencial sanador que se puede despertar y desarrollar a través de un entrenamiento relativamente sencillo, en el que la práctica hace al maestro

Dr. Jorge Carvajal Posada”

   Módulo V

    Síntesis práctica.
Los protocolos clínicos más efectivos

Contenido Módulo V

– La gran integración, salud, integridad. Técnicas sencillas para la restauración de la unidad.
– La integración de puntos nodales, chakras secundarios y chakras primarios y sistema nervioso central.
– Las técnicas de alineación avanzada.
– La armonización global del biocampo
– Protocolos terapéuticos.

Valor módulo : $ 700.000.

Si pagas antes del 5 de agosto del 2026.

¿Qué aprenderás en este módulo?

La salud es integridad. Aprendemos a resonar para restablecer la armonía, la integridad.

En este seminario alcanzaremos una gran integración de lo aprendido, adquiriendo la habilidad para diseñar protocolos terapéuticos, para seguir un hilo conductor consecuente con la necesidad propia o de la persona a quien atendemos.

¿Qué conocerás?

Técnicas avanzadas de alineación y de diálogo con el campo neuronal.
Cómo integrar los cinco movimientos a través de sus puntos nodales en la periferia y en el sistema nervioso central.
Adquirir la habilidad para diseñar protocolos terapéuticos dirigidos a optimizar la cantidad, calidad y distribución de la energía.

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Celulares: +57 320 671 9007 – +57 3006445757

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23 junio, 2026 Noticias

Una meditación sobre la patria que compartimos, antes de que nos digan quiénes somos

 

Esta mañana uní mis manos en mudra de oración. No recé por un partido ni por una orilla. Recé por Colombia, por Perú, por España —y por todas las patrias que contemplan sus mitades como si fueran opuestas. El gesto era simple: dos palmas que se encuentran, diez dedos que se reconocen. Dos mitades que suman uno. Y en ese instante comprendí, una vez más, lo que olvidamos con tanta facilidad:

La unidad no es uniformidad, y que dos manos juntas son más hermosas que una sola levantada en puño.

Hoy hemos votado en Colombia. Ayer votaron los peruanos. Pronto votaremos los españoles. El planeta entero parece congregado ante el mismo espejo que durante siglos ha esquivado: el espejo de sí mismo. Y en cada urna late la misma pregunta que no nos atrevemos a formular en voz alta: ¿voto por los míos, o voto por todos? ¿Voto contra alguien, o voto por algo? ¿Voto el miedo que me han enseñado, o voto el amor que soy antes de que me enseñen?

En ese espejo no aparece la derecha ni la izquierda. No aparece el norte ni el sur. Aparece algo más antiguo y más verdadero: aparece la especie. Aparece Lucy —nuestro antepasado común de hace tres millones de años, cuyos genes todavía palpitan en cada una de nuestras células— recordándonos que antes de ser colombianos o españoles, antes de ser creyentes o agnósticos, somos una misma sangre que aprendió a caminar erguida bajo el sol de África. Somos, como diría Edgar Morin, ciudadanos de la Tierra-Patria. Y la Tierra-Patria no tiene fronteras: tiene ecosistemas, tiene cuencas, tiene el hilo invisible de la vida que conecta los pulmones de un niño wayuu con los de un niño vasco.

El mapa no es el territorio

Nos han hecho creer que somos de izquierdas o de derechas, progresistas o conservadores, creyentes o ateos. Pero eso no es lo que somos. Puede ser nuestra postura, nuestra forma de manifestarnos en un espacio y un tiempo dados. No es nuestra naturaleza esencial. Nuestra naturaleza es anterior: es el sustrato que comparten el campesino y el banquero, el creyente que reza hacia La Meca y el ateo que reza sin saberlo al contemplar un amanecer.

El error que la historia repite es siempre el mismo con distinto disfraz: la confusión entre el mapa y el territorio. El partido no es la patria. La ideología no es la verdad. La nación no es la humanidad. Y cuando olvidamos la diferencia, empezamos a matar en nombre de lo que amamos. Lo hemos visto en los totalitarismos que prometían el paraíso y entregaban el abismo; en los fundamentalismos que confundieron a Dios con el miedo; en los dogmatismos —incluso científicos— que repitieron la estructura de la inquisición que juraron superar

Santayana lo formuló con precisión quirúrgica: quienes no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo. La experiencia añade algo que él no dijo: a veces lo repetimos con tanta convicción que creemos estar haciéndolo por primera vez.

El río no elige orilla

El río no elige orilla. El río es la corriente que las une haciéndolas posibles. Sin orillas no hay río; sin río, las orillas son sólo tierra seca que no sabe adónde ir. La derecha y la izquierda, lo propio y lo ajeno, el arriba y el abajo —son orillas necesarias. El error no está en que existan. El error está en olvidar que entre ellas corre algo vivo, algo que da de beber a todos sin preguntar su nombre. La biología lo confirma con una claridad que la política aún no ha asimilado: la vida no prospera en la homogeneidad, prospera en la diversida

La microbiota que nos mantiene vivos es un ecosistema de miles de especies en cooperación permanente. El sistema inmune aprende precisamente del contacto con lo diferente. El bosque más resiliente es el que tiene más especies. La diversidad no es el problema que la unidad debe resolver: es la forma que toma la vida cuando está sana.

Pangea regresa

Los geólogos nos recuerdan que todos los continentes fueron uno. Pangea —la tierra toda— existió antes de que la deriva tectónica la fracturara en los pedazos que hoy llamamos América, Europa, África, Asia, Oceanía. La separación no fue una catástrofe: fue la condición de la diversidad. Cada continente derivó hacia su propia luz, su propio clima, su propio experimento evolutivo. Y de esa deriva nacimos nosotros —con nuestros idiomas, nuestros dioses, nuestros ritmos, nuestras formas de nombrar el amor y la muerte.

Pero Pangea regresa. No en la geología —ese proceso tarda cientos de millones de años— sino en la conciencia. La misma tecnología que ha multiplicado el ruido y alimentado la tribu está creando, por primera vez en la historia, la posibilidad de que la especie se vea a sí misma como una sola: que una madre en Bogotá y una madre en Damasco sepan, en tiempo real, que están mirando el mismo cielo y temen perder al mismo hijo.

El río de Piscis entra al océano de Acuario: el ciclo de la fe ciega cede paso al ciclo del conocimiento compartido, la devoción individual busca convertirse en inteligencia colectiva. El agua —siempre el agua, siempre la imagen más exacta de lo que somos— deja el cauce estrecho del río para volverse oceánica: más profunda, más global, más capaz de sostener la vida en toda su complejidad. Este tránsito no es automático ni inevitable. Es una invitación. Y como toda invitación, puede ser rechazada.

 

La salud no es la ausencia de conflicto

 

La medicina —la que mira al ser humano en su totalidad— tiene algo que decirle a la política que la política aún no ha querido escuchar: la salud no es la ausencia de conflicto, sino la capacidad de integrar la tensión sin que destruya el sistema. Un corazón sano late en tensión permanente: sístole y diástole, contracción y expansión. Un pulmón sano inhala y exhala —no puede elegir sólo uno. Una sociedad sana funciona igual: necesita las voces que aceleran y las que frenan, las que sueñan y las que calculan, las que cuidan la raíz y las que apuntan al horizonte.

Lo que enferma a una sociedad no es el desacuerdo —el desacuerdo es vitalidad— sino la incapacidad de dialogar. La rigidez. El dogma que prefiere la pureza a la vida. La diversidad étnica y cultural de nuestra especie no es un accidente de la historia que haya que corregir: es la microbiota de la civilización, la garantía de que cuando venga la crisis —y siempre viene— habrá suficientes formas distintas de saber, de sanar, de construir, de rezar, de cantar, para que la especie pueda elegir la respuesta adecuada.La homogeneización cultural no es progreso: es inmunodeficiencia colectiva.

 

La elección que no ocurre en la urna

Antes de elegir a nuestros representantes, necesitamos elegir quiénes somos. La elección más importante no ocurre en la urna. Ocurre en el interior —cuando decidimos, en silencio y con toda la honestidad que podemos reunir, desde qué lugar vamos a habitar este tiempo.

El nuevo ciudadano que este momento reclama no es el ciudadano perfecto —que no existe— sino el ciudadano íntegro: el que ha integrado sus opuestos internos antes de pedirle a la sociedad que integre los suyos. El que entiende que su identidad es una constelación, no un punto. Que puede ser colombiano y latinoamericano y terrícola al mismo tiempo, honrar su fe y respetar la del otro, tener convicciones sin confundirlas con la verdad definitiva. Que puede pertenecer a una orilla del río sin olvidar que el río necesita las dos. Y sabe, con la certeza que da la ciencia más que la ideología, que cuando ganamos sobre los otros todos nos convertimos en perdedores —porque la humillación del vencido siembra la semilla de la próxima guerra, y las paces duraderas no se construyen sobre la derrota del enemigo sino sobre el reconocimiento del otro como parte necesaria del nosotros.

Tomar partido por la humanidad no es una abstracción generosa. Es la decisión más concreta y urgente que podemos tomar. Es elegir, cada día, que el otro —el que piensa distinto, el que cree distinto, el que ama distinto— no es mi enemigo sino mi espejo. Mi maestro. La parte de la realidad que yo solo no puedo ver.

Hoy voté

Hoy voté. Voté por el agua que porta la humanidad de todos. No en blanco, no contra los otros. Voté por mi patria —la mía y la de los otros—, por esa tierra que no es de los unos o los otros sino de todos. Voté por la corriente que no tiene partido, por el río que llega al mar sin preguntar de qué país es el océano.

 

Los principios que queremos que guíen este tiempo

Por todo lo anterior —como ciudadanos de la Tierra-Patria, herederos de Lucy y de todas las culturas que la especie ha generado en su camino hacia sí misma— declaramos los principios que queremos que guíen este nuevo tiempo. No como dogma. Como brújula.

 

Que nuestra identidad más profunda es la humanidad que compartimos antes de cualquier nombre, bandera o doctrina.

Que la diversidad étnica, cultural, espiritual y cognitiva es el mayor patrimonio de nuestra especie, y debe protegerse con la misma urgencia con que protegemos la biodiversidad.

Que ningún fundamentalismo —político, religioso, científico, ideológico— tiene derecho a imponerse sobre la conciencia libre de las personas.

Que la fraternidad no es una virtud opcional sino una necesidad biológica: o nos cuidamos mutuamente o nos destruimos mutuamente.

Que aprender de la historia no es nostalgia: es la condición mínima para no estar condenados a repetirla.

Que el otro —el que piensa distinto, el que cree distinto, el que vive distinto— no es el problema sino parte de la solución.

Que antes de elegir a quienes nos van a gobernar, debemos elegir quiénes somos.

Que cuando ganamos sobre los otros todos perdemos, y que cuando todos ganamos la vida misma gana.

 

Juntar las manos

Antes de hablar de lo que nos divide, quizás baste con detenernos un instante a juntar las manos. No para rezar a ningún dios en particular. Para recordar, simplemente, que tenemos dos —y que son más útiles y más amorosas cuando se encuentran.

No escribo desde el optimismo fácil. Sé que el camino es largo, que habrá retrocesos, que la curva del aprendizaje colectivo no es una línea recta sino una espiral en la que a veces parece que volvemos al mismo punto cuando en realidad volvemos más altos. Pero también sé que hay momentos en que la historia hace un pliegue, en que la masa crítica de conciencia alcanza el umbral y algo nuevo emerge —no por decreto sino por maduración, por la acumulación silenciosa de millones de actos pequeños: una votación hecha desde el amor en lugar del miedo, una conversación que no termina en trinchera, un niño al que le enseñamos que la diferencia es una riqueza, una mano extendida hacia el que pensó distinto.

 

Somos raíz y somos nube. Somos orilla y somos río. Somos, sobre todo, ese amor que fluye entre las dos orillas y que —cuando somos de verdad humanos— nos reúne en la más bella expresión de la unidad: la fraternidad.

Jorge Iván Carvajal Posada · Madrid, solsticio de junio de 2026


VIAVIDA

Somos una empresa comprometida con la vida, creada y conformada desde el año 2001 por un grupo de médicos colombianos, cuya actividad docente, asistencial e investigativa, de más de 30 años converge a través de un enfoque sistémico en la Sintergética* como una propuesta integrativa de los distintos paradigmas terapéuticos del mundo.

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