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18 marzo, 2020 Noticias

  

Para nada está desligado el “bendito virus” de todo lo que está sucediendo a nivel mundial y en especial en lo que llamamos la raza humana. No debe ser al azar que los tipos de cáncer más frecuentes sean el de colon, próstata, pulmón y mama. Todos tienen que ver, de alguna forma, con la energía del pulmón que, desde la medicina tradicional china, maneja las tristezas. En ese mismo sentido, la mayor afección por el Covid 19 se da a nivel pulmonar. Esto confirma que somos probablemente una humanidad triste y que tal vez sea el momento de recuperar elementos para rescatar la alegría y la música interior.

Es muy revelador que la población que menos se afecta por esto que ahora tiene temblando al mundo, sea la de los niños, portadores de felicidad en sí mismos. Si bien pueden infectarse, el índice de complicaciones y muerte es infinitamente menor.

Por otro lado, a nivel planetario lo que hemos venido haciendo ha estado afectando severamente los pulmones de la tierra. Los bosques están siendo destruidos a escalas inimaginables por los incendios y la tala absurda, entre otros factores. También la tristeza de la tierra se hace manifiesta y probablemente por ello la evolución toma decisiones cuando no lo hacemos a tiempo. Quizás sea esta una manera de auto depurarnos y emerger a un nuevo orden desde una Conciencia Mayor.

Seguramente, después de lo que estamos viviendo, tendremos que desarrollar nuevos modos y modas. Reencontrarnos con valores como la solidaridad, la responsabilidad por los otros, la sensibilidad y el cuidado de esta pequeña parte del Universo que tenemos como nuestro hogar. Elevar nuestros niveles de pensamiento para vibrar en frecuencias más altas que desplacen los odios, los resentimientos, los separatismos, la crítica o el juicio. Pero, sobre todo, tendremos que afrontar nuestros temores, reconociéndolos y aceptándolos.

De manera súbita nos hemos encontrado que somos tremendamente vulnerables y frágiles. Que, a pesar de haber construido los más grandes rascacielos, o los vehículos de transporte más enormes que jamás hubiéramos imaginado, o haber desarrollado las más altas tecnologías, resulta paradójico e inquietante que una microscópica partícula inteligente, nos ponga junto a las cuerdas y al borde del pánico global.

Sentir el silencio sepulcral que se manifiesta en las calles es espeluznante y eso que apenas comienza la crisis. Pero tal vez esto mismo, nos lleve a interiorizarnos y a auto observarnos para comprender que “algo” hemos pasado por alto. Seguramente vamos a redescubrir las muchas pequeñas-grandes cosas que suceden a nuestro alrededor y que la costumbre ha hecho que pasen inadvertidas. O quizás sea el momento de volver a reconocernos en el otro que habita bajo el mismo techo y a quien no escuchábamos hace un buen tiempo porque había “cosas más importantes que hacer”. O a lo mejor podremos volver a tener nociones de lo que es compartir una buena cena en compañía.

Es impresionante por lo menos, ver que, sin distingos de raza, credo o visión política, todos tendremos que hacernos responsables de todos y por fin habremos de comprender que somos seres interconectados por siempre. Que la nota individual de cada uno de nosotros, al final será esencial para volver a escuchar la sinfonía de la vida, pero de una manera que resuene verdaderamente en el corazón, donde habrá de ser escrita con el más sutil de los cuidados, la más bella partitura que honre la existencia.

Ya basta de evasiones. Es el momento de mirar adentro para proyectarnos afuera, dándonos cuenta de que el tiempo es sagrado y de que no podemos aplazar lo inaplazable: expresar lo que hemos callado, los sentimientos de aprecio y valor por lo que nos rodea y por quienes nos hacen el día a día más amable. Recuperar los espacios, pero para el encuentro, no para la ausencia. Utilizar los recursos de manera racional y más allá de los propios intereses. Comprender que hay muchos que han sido menos favorecidos, pero no por ello, con menos talentos. Despertar de una vez por todas a la compasión para ser capaces de movernos con el otro. Renunciar a la pequeña ofensa para encontrarnos en la reconciliación y el perdón. Sanar el corazón y humildemente arrodillarnos para reconocer nuestros errores. Volver a hacer música con cada palabra para que la oda a la alegría sea más contagiosa que el virus. Reconquistar las pausas para amortizar la prisa y así poder contemplar el paisaje que hemos de cuidar. Dirigir la mirada a todo lo que represente colorido para fundirnos en tonos intensos que nos permitan disfrutar de cada instante como el mejor. Emprender con tenacidad la construcción de un mundo en el que primen las virtudes y se expandan las capacidades puestas al servicio más que a la competencia. Poner un rayo de luz que brote espontáneamente de nuestra pureza e inocencia interior, para que muchos faros muestren que en verdad somos luz. Sacudirnos para reaccionar ante la indiferencia y así volver a llamarnos todos al orden mayor que confirme que somos parte de la Perfecta Creación. Poner de manifiesto que, como los seres que somos en esencia, podemos cambiar la dirección que llevamos y enderezar el rumbo de un multiverso más incluyente y que entienda de diferencias. Aferrarnos a la esperanza objetiva y optimista que también nos permita incluir a Dios en cada acto.

Es tiempo de fortalecernos y que la primavera pueda ser celebrada por todos, sin excepción. Que así los obstáculos sean el mejor pretexto para el florecimiento del nuevo ser, mucho más allá de la retórica y que logremos generar una verdadera pandemia de amor.

Cuando la lección sea aprendida, entonces habrá valido la pena el sacrificio, aunque el tributo haya sido grande…

 

Alejandro Posada Beuth



16 marzo, 2020 Sin categoría

 

“No sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es la única opción” (Bob Marley)

 

Aprovechar el sentido del viento en los momentos desafiantes, puede ser la mejor opción para mantener el vuelo y no dejarse vencer por la fatiga. Superar adversidades va más allá de las circunstancias y requiere de tenacidad y perseverancia, de fortaleza y resistencia, pero, ante todo, de sentido y propósito. Cuando hay motivación suficiente, el desafío o el reto se convierten en el mejor pretexto para poner a prueba nuestra resiliencia, esa fuerza interior, esa capacidad y resistencia que nos permite mantener la postura frente a la presión llevada al límite y que nos invita a descubrir ese potencial latente que muestra verdaderamente de qué estamos hechos.

Adaptarse de manera inteligente y competente a las dificultades, nos exige ser flexibles como el bambú que se dobla para levantarse de nuevo, pero también afrontar en positivo los obstáculos y asumir la posición de quien desea aprender nuevas conductas y habilidades para responder ante los tropiezos. Ello implica tener la honestidad y claridad suficientes como para auto observarnos, establecer el diálogo interior y reconocer la propia autonomía que nos ayuda a identificarnos como vulnerables pero dispuestos al cambio.

El fortalecimiento de nuestros vínculos y redes de apoyo son un factor decisivo que, asociado con la tolerancia a la frustración y la incertidumbre, puede permitirnos sortear momentos complejos desde la aceptación, con una buena dosis de asombro y asertividad, que nos conduzcan a recuperar la confianza, a creer de nuevo, a generar nuevas metas identificando claramente las restricciones para establecer posibilidades objetivas acordes con los recursos.

Más importante aún, cuando somos más sólidos que lo que nos acontece, cada nuevo episodio se convierte en un escalón más que hemos vencido y que nos eleva a vibraciones mayores en el acercamiento al sendero de la conciencia. La resiliencia es pues, conservar la entereza ante las perturbaciones haciendo que se active la máxima creatividad para no desfallecer. Es poner la atención plena a nuestro servicio para conservar la mirada firme en la luz y no perder el Norte en medio de la confusión.

La combinación entre realismo y entusiasmo da origen a respuestas desde una esfera emocional superior que permite la renuncia al control para que surja la probabilidad de contemplar nuevas alternativas y, de esta manera, volver a encontrar en nosotros la magia de una sonrisa ante la desventura…

 

Alejandro Posada Beuth



13 marzo, 2020 Noticias

Toda crisis lleva consigo una oportunidad que nos permite emerger más fuertes y mejores si la vivimos responsablemente. La responsabilidad o habilidad de responder inteligente, eficazmente en dirección de la solución, es señal de la presencia del alma.

El alma es la dimensión en nosotros que da calma, fuerza, estabilidad y nos permite ser un sostén para otros.

Si estudiamos el porque de las recomendaciones para contener la pandemia, veremos – pese a que inicialmente que puedan parecernos excesivas – que tienen fundamento. Es de responsabilidad cumplirlas por el bien de todos. La actitud adecuada es siempre la via del medio, creer es optimismo pensar “no pasa nada” no parece acertado. Creer que es una catástrofe, tampoco. Si catastrofizamos, si nos asustamos, deprimimos el sistema inmune y empeoramos la situación.

Es muy importante ser conscientes de que somos parte de la solución de muchas formas: cuidándonos, manteniendo la calma, acompañando emocionalmente a aquellos de nuestros conocidos que se preocupan o se asustan. Una regla sencilla que podemos seguir para no caer en el temor es relativizar y agradecer. Podemos relativizar teniendo presente que es pandemia por la enorme capacidad de contagio pero no por la mortandad. Podemos agradecer infinita cantidad de cosas. Agradecer al personal sanitario que estén trabajando sin días libres y meditar por ellos, para que el esfuerzo no los agote. Podemos agradecer a los camioneros que siguen trayendo comida a nuestras ciudades y medicinas. Podemos dar gracias que en esta ocasión la crisis no afecta a las comunicaciones y aunque todos tenemos seres queridos en un país lejano, podemos hablar por teléfono con ellos.

Quienes se han entrenado en meditar son ahora muy necesarios, es el momento de unirnos y crear un campo de serenidad que contagie de calma y optimismo. Recordemos los resultados del Experimento de John Hagelin, Doctor en física por la Universidad de Harvard, en Washington DC. La capital estadounidense es famosa por ser una de las ciudades con mayor número de crímenes en el país, se decidió congregar a un grupo de 2.500 personas con experiencia en meditación profunda. La hipótesis que originaba el estudio es que el número de crímenes registrados en la ciudad se reduciría significativamente como respuesta a estas masivas sesiones de meditación.

En colaboración con el Departamento de Policia de Washington, el FBI y con expertos criminalistas provenientes de reconocidas instituciones, entre ellas las universidades de Maryland, Texas, y Temple, se llevó a cabo el experimento. Los índices de criminalidad tuvieron un espectacular descenso del 25% (superando incluso las muy optimistas expectativas de Hagelin y su equipo).

Es decir, la atención/intención orquestadas de solo 4.500 personas repercutieron en la dinámica social de millones de personas.

No es momento de dudarlo, podemos ser la diferencia. Tu y yo. Cada persona que mantenga la calma, es una luz en esta tormenta. En cuanto a los meditadores, cada quien tiene su forma de meditar o de orar y esa es la perfecta. Para quien resuena con el Padre Nuestro, esa es la oración; para los budistas, seguramente será una invocación a Tara; para los estudiantes de sabiduría será LA GRAN INVOCACION. No importa cual sea el método, ingresemos a la profundidad de nuestro corazón, el lugar donde la resiliencia tiene sus raíces, donde no hay mal que no pueda transformarse en bien.

Estamos todos unidos en esta crisis, quizás ella nos permita recordar que lo estábamos antes y lo estaremos después. Que todos influimos en todos y cada uno de nosotros que crece en resiliencia y responsabilidad, es un tesoro. Que contagiemos paz y optimismo, para que la lección se revele.

ISABELLA DI CARLO

NOTAS

1. Cuantas más veces al día meditemos mejor, la salida del sol, el atardecer y el mediodía son considerados momentos angulares y de oportunidad.

2. John Hagelin ha participado como investigador en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), así como en el Stanford Linear Accelerator Center (SLAC). Actualmente preside

la Fundación David Lynch y es una de las figuras más prominentes en torno a la meditación trascendental.



11 marzo, 2020 Noticias

No siempre la razón está detrás del conocimiento. La verdad develada puede ser producto de “algo” más sutil que nos contacta con la Conciencia de la Unidad y que en ocasiones no puede explicarse desde el entendimiento o el intelecto. Comprender de manera clara e inmediata puede ser producto de una “corazonada”, que suele suceder cuando estamos desligados del pensamiento ordinario y el alma susurra al oído anunciando que ha llegado el momento de que un pensamiento semilla germine.

Estar en el aquí y ahora nos hace receptivos a sensaciones nuevas, a emociones y experiencias extraordinarias, a saltos sin razonamientos que nos llevan al mundo de la intuición, a la mente profunda, a lo que aún no se ha manifestado, a las ideas inspiradoras de un estado contemplativo donde hay espacio para la incertidumbre y para la escucha desde el silencio reverencial.

Es entonces cuando la máxima sabiduría se fusiona con el místico que hay en nosotros y pareciera que el inconsciente colectivo conspirara para extraer un saber ya dado, que ha esperado pacientemente al momento prudente para ponerse en evidencia. Es como si el tiempo sin tiempo vibrara en concordancia y al unísono con la esencia del ser, en la búsqueda de lo certero, disipando confusiones y dejando atrás al mundo de la ilusión o la fantasía.

En ocasiones esa intuición simplemente ocurre en lo cotidiano cuando la mente absorta se abstrae del control y de la necesidad de dominar. Solo divaga sin ataduras y da rienda suelta a la imaginación, más allá de los instintos. Es así como el corazón nutrido de sentimientos de infinita nobleza, se convierte en portador de lo sublime y lo excelso, para ser elevado a la condición de lo jerárquicamente indispensable.

La mente que observa sin críticas ni juicios, es la antesala para que la ternura y el afecto se fusionen en la prudencia y la sensatez, que pueden llegar a convertirse en los mejores elementos para acunar aquellos instantes de iluminación interior donde se manifiesta lo más diáfano de la raza que llamamos humanidad.

Que lo que la mente ignora sea reemplazado por el regalo Divino del conocimiento más auténtico, para que cada acto sea conducido desde la pureza de intención y entonces podamos reconocernos y aceptarnos con todos los matices que honren al individuo dentro de lo colectivo.

 

Alejandro Posada Beuth



10 marzo, 2020 Noticias

En muchas ocasiones el tema de los dones y talentos parecería ser uno más dentro de tantos, porque aparentemente no hay que hacer mayores esfuerzos para que salgan a flote y sean reconocidos. Pero tal vez el más importante de ellos, y no siempre lo suficientemente apreciado, sea la libertad. Quizás uno de los estados en apariencia más inalcanzables, puede ser el de sentir que no hay cadenas que puedan atar nuestros pensamientos, sentimientos o emociones, o experimentar la sensación de volar sin restricciones o, incluso, poder actuar sin que nuestros actos sean sometidos a juicio o fiscalizados.

A esto, agreguemos que en ocasiones los miedos subyugan y paralizan de tal forma que la libre determinación individual se ve opacada y el Ser verdadero queda oculto en lo más profundo de la incertidumbre porque es reprimido con intensidad por la no expresión de lo sentido.

Gestionar las emociones y reconocernos deliciosamente vulnerables, observarnos desde el silencio que nos permite estar en primera persona frente a la duda y la crítica, descubrir que somos filtros y que lo que trasciende es lo verdaderamente esencial, resulta cuanto menos reconfortante. Esto nos permite reciclar los sueños, recuperar la esperanza y comprender que la vida es un continuo aprendizaje para que, cuando retiremos una hoja más del calendario, hayamos encontrado también un motivo más para celebrar nuestra cercanía a la libertad.

La valentía y el arrojo son condiciones que se requieren para poder allanar el camino hacia la interiorización, donde se asoman bajas vibraciones como la ira, la intolerancia, el resentimiento o la envidia, que hacen que estemos mucho más expuestos al cautiverio de la duda, la vacilación, la sospecha y el recelo.

Es tiempo ya de descubrir que la sabiduría más profunda nos está invitando a cada momento a redimir las cargas, a soltar y a sonreír para mirar con optimismo hacia el cielo azul como depositario de nuestro vuelo. Es la oportunidad para extender las alas y danzar al viento contemplando el territorio de la inmensidad dispuesto para nosotros. Es momento también para comprender que la voluntad debe ser esgrimida sin titubeos en el intento de ser libres. Esto es, acercarnos a ser dueños de nuestra conciencia en el nivel más elevado para percatarnos de que, a pesar de ser vulnerables, bien vale la pena intentarlo para encontrar “la verdad que os hará libres”.

 

Alejandro Posada Beuth



10 marzo, 2020 Noticias

“Y ¿qué es un hombre sin un sueño?” decía Facundo Cabral. Primero, cierra tus ojos y mira al interior pero después de haberlo hecho, ábrelos para que tus aspiracones trasciendan tus deseos y para que tus ideales se eleven por encima de tus pensamientos. Es necesaria la confianza y la perseverancia en camino de rescatar la capacidad de soñar. Se requieren convicción, inspiración y compromiso para que germine la semilla con todo su potencial…


VIAVIDA

Somos una empresa comprometida con la vida, creada y conformada desde el año 2001 por un grupo de médicos colombianos, cuya actividad docente, asistencial e investigativa, de más de 30 años converge a través de un enfoque sistémico en la Sintergética* como una propuesta integrativa de los distintos paradigmas terapéuticos del mundo.

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