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17 julio, 2020 Noticias

“Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes” Khalil Gibran

 

Existen promesas en cada corazón y por eso las turbulencias se diluyen ante la grandeza de las ilusiones que se alimentan desde el amor. Conservar la esperanza es anclar el alma que siempre tiene una respuesta para no desfallecer. La esperanza derrota la lógica y por ello es necesario conservar el entusiasmo, la alegría y la fortaleza interior que nos dictan a cada instante que podemos ir más allá de las limitaciones naturales.

Nuestros sistemas de creencias deben ser robustecidos y tonificados para que cada situación vivida sea otra forma de incrementar la convicción de que siempre hay un nuevo día para comenzar y de que ese tiempo por venir estará repleto de ventura y dicha. Podremos cambiar las excusas por propósitos y las pruebas de la vida por testimonios o los reveses por la posibilidad de promocionar nuestra capacidad evolutiva.

Cada día es otra oportunidad para terminar lo que ha sido iniciado y para darle vida a los sueños. Para reconciliarnos desde lo más profundo de nuestro ser y salvar las dificultades y así permitir dirigir nuestros esfuerzos al reencuentro con el rumbo de las finalidades mayores, a sabiendas de que todo es factible y que la confianza es ingrediente esencial para contemplar luego lo que antes fue solo un pensamiento.

Rescatar el aprendizaje es parte de la esperanza para reconocernos autónomos y hacedores de lo que ha de ser parte de nuestros inventarios. Sin duda alguna que, para ello, la audacia y el coraje serán materia prima como fuente de inspiración para entender que después del invierno viene la primavera y que el colorido se disfruta más después de haber probado los claroscuros la vida.

La esperanza también derrota al temor y constituye un peldaño más en el recorrido del camino hacia la fe. Le da sentido a todo y permite depositar la energía para encausar el destino y, más aún, si se revela desde la consagración, con ahínco y denuedo, con esfuerzo y empeño, para darle valor a los logros desde la justa medida.

Nunca perder la certeza y más bien mantenernos firmes en la búsqueda de ese Norte que nos hemos trazado para poder desplazar la angustia y la zozobra y coincidir en la serenidad y el sosiego. Cada palabra de aliento en el momento preciso puede hacer la diferencia entre la derrota y la esperanza…

 

Alejandro Posada Beuth



15 julio, 2020 Noticias

“¿Qué significa oír el silencio, sino escuchar lo que no alcanza a ser dicho?”

(Santiago Kovadloff)

 

Es importante dejar la prisa y silenciar el ser para poder rescatar la actitud de escucha y de esta manera sintonizarnos con el respeto, la atención y la presencia, fundamentales para acallar la turbulencia de las emociones. Asumir de manera sincera y generosa el contacto con el otro es centrar el foco para cultivar las relaciones desde el aprecio y la consideración.

Escuchar es conectarse sin divagar, sin distraerse. Es recuperar la preciosa virtud del silencio preciso, que puede llegar a ser la forma más elocuente de expresión. No interrumpir a aquel que busca nuestra deferencia es quizá la mejor muestra de empatía y, además, transforma nuestros sistemas de entendimiento para encontrar las respuestas adecuadas. Es aprender a revelar la belleza desde la prudencia y comprender que existen otras visiones, sentimientos o necesidades que pueden ser recibidos desde la disposición genuina y trasparente para evitar el enorme costo del conflicto.

Cuando es el corazón el que escucha, las distancias se acortan y puede descifrase lo que hay más allá de las palabras. Podemos leer al otro, más que llenarnos de argumentos. Se resuelven la agitación interior y las discusiones sin rumbo y hasta se contribuye a recuperar la autoestima porque la valoración está inmersa en esa postura. Ser uno con el otro es enriquecer la imagen que tenemos de él y que va mucho más profundo que un intento por interpretarlo.

Escucharnos es cambiar ansiedad o desavenencias por la posibilidad de involucrarnos. Es abrirnos para discernir con cautela y elegancia. Es mitigar el egoísmo y dejar a un lado los rótulos o etiquetas mentales para volvernos a encontrar. Es comprometerse e interactuar desde la sensibilidad y con delicadeza, para identificar y cultivar el verdadero propósito que supera lo personal.

¡Qué bonito sería que pudiéramos renunciar a la prepotencia y la arrogancia para descubrir que somos capaces de encontrar la verdad que habita en la humildad! Por eso el sabio concibe que el conocimiento no le pertenece y tan solo espera a ser escuchado para ahorrarnos gran parte del camino.

Escuchar es acompañar, intercambiar, compartir. Es volver a manifestar lo que tanta falta nos hace: la admiración por el prójimo…

 

Alejandro Posada Beuth



3 julio, 2020 Noticias

“El amor y la duda nunca han estado en buenos términos” Khalil Gibran

 

Hemos sido y seguiremos siendo vulnerables. Quizá por ello el temor al sufrimiento es uno de los más frecuentes y nos lleva a que se arañen experiencias pasadas que catapultan sensaciones de inseguridad que pueden ser usadas como excusas para tratar de explicar los celos del presente. Esto, a su vez, puede enviar continuas señales de alerta que en su mayoría serán falsas, pero además responsables de la desdicha de no poder disfrutar del instante y la compañía, tan solo porque las historias no han sido resueltas. Ser esclavos de la carga del pasado frustra las expectativas y le resta valor a lo que tenemos ahora.

Soltar lo que nos amarra es renunciar a los miedos y hacernos conscientes de las carencias personales que, con frecuencia, no permiten escuchar al corazón o encontrar en el otro la autenticidad y lo genuino, porque se condiciona el amor al confundir prioridad con propiedad. Cuando las exigencias se hacen mayores que la comprensión, se traspasa la delgada línea del respeto en un intento por adquirir el control, que no es otra cosa que la negación de la libertad como máxima expresión del amor.

La confianza es amiga del afecto y por eso florece en la conquista. No se conforma con migajas, pero renuncia a los apegos. No se engancha a las heridas porque elige el aprendizaje. No es ingenua porque conoce los límites, pero sin esclavizarse de ellos. No utiliza armaduras porque su mayor defensa está constituida por la lealtad y la solidez. Es respetuosa del lenguaje porque conoce el alcance de las palabras. No busca culpar afuera porque se regocija en la autoestima y confía en sus capacidades. No denigra porque conserva la actitud positiva de quien no juzga. No alimenta sentimientos de minusvalía porque rechaza lo mediocre. Supera fácilmente la ofensa porque no se alimenta del rencor y más bien interpreta con prudencia para evitar los sesgos.

Por eso, más allá de la razón, para confiar se imponen el sentimiento y la intuición que atienden fácilmente al lenguaje del amor, donde no hay espacio para la avaricia o la ruindad. Así, la verdad se impone como preámbulo al olvido de lo no esencial para poder reencontrarnos en la transparencia y la honestidad que son la cosecha de la convicción y la firmeza de la fe, las cuales deben comenzar por cada uno de nosotros.

Que la paz interior y la serenidad sean siempre las mejores consejeras, para que la sombra y la duda desaparezcan. Que en la balanza de nuestros criterios primen siempre el justo equilibrio y la ecuanimidad. Que la confianza sea dictada por el corazón…

Alejandro Posada Beuth


VIAVIDA

Somos una empresa comprometida con la vida, creada y conformada desde el año 2001 por un grupo de médicos colombianos, cuya actividad docente, asistencial e investigativa, de más de 30 años converge a través de un enfoque sistémico en la Sintergética* como una propuesta integrativa de los distintos paradigmas terapéuticos del mundo.

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