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5 junio, 2022 Noticias

“El respeto hacia uno mismo es la piedra angular de toda virtud” John Herschel

 

Exaltar la dignidad del prójimo ya es un signo de reconocimiento, un valor que supone atender y apreciar al otro en su justa dimensión considerando sus puntos de vista y sus opiniones, lo cual habrá de incidir en la sana convivencia y permitirá moderar las actitudes desarrollando cierto grado de empatía.

El respeto implica expresarse de manera espontánea, asertiva y de forma natural. Con coraje pero dispuestos siempre a escuchar. Atesorando las palabras como recurso importante. Renunciando a la intransigencia pero manifestando los límites  que parten de un pensamiento consciente y de un buen manejo de las emociones.

Relacionarnos desde el respeto es activar la voluntad para encontrarnos sin angustias, manteniendo la fuerza y eligiendo desde la autopercepción. Conservando los motivos pero de manera racional. Siempre aceptando otras miradas y poniendo empeño en descubrir las mejores versiones. Protegiendo lo fundamental y embelleciendo los escenarios para que cada quien sienta que aporta desde su ser genuino, educando la razón, gestionando las emociones y centrados en lo significativo. Agregando un poco de solemnidad a cada acto para solidificar lo trascendental. Describiendo las circunstancias con claridad pero sin estigmatizar.  Concretando desde visiones amplias, sustentadas en argumentos y no en necedades del ego.

El respeto es incluir a los otros en nuestras decisiones. Decir lo justo sin buscar herir. Afrontar situaciones desde la transparencia en los mensajes, sin prejuicios y con la intención de seguir siendo aprendices para salir airosos aprovechando los puntos en común. Es cuidar el discurso para que las disertaciones surjan desde lo profundo y significativo y no desde la necesidad de vencer a nadie. Es sustentar la equidad y acrecentar la confianza sin anquilosarnos ante razones ajenas. Es renunciar a la ofensa pero conservando la fidelidad con nosotros mismos. Asimilar con el compromiso de hacer mejoras y reflexionar desde la honestidad para luego tocar más fibras en procura de lo más ecuánime, recto, justo e imparcial.

Que podamos aportar desde el respeto para estructurar mensajes certeros. Que el diálogo sea fluido. Que pisemos firme y mantengamos  la credibilidad y el corazón puestos en la marca personal para reconfirmar que lo hecho ha valido la pena si afianza los vínculos y acrecienta las historias inspiradoras…

 

Alejandro Posada Beuth



23 mayo, 2022 Noticias

“No escondas tus talentos, se hicieron para su uso. ¿Qué es un reloj de sol a la sombra?” Benjamín Franklin

 

¡Tantas habilidades, dones, aptitudes y… tanto por compartir! Esos privilegios, sin lugar a dudas, nos trascienden y deberían llegar a muchos con generosidad, en actitud de reconocimiento a la vida y compensando un poco por todo aquello de lo que fuimos dotados.

El ingenio y la capacidad suelen ser requisitos previos para el desarrollo de un talento que rompe con las limitaciones propias de los viejos paradigmas e invita a explorar nuevos campos que, de esta manera, ponen a prueba nuestra creatividad. Pero no basta, eso sí, con que esos dones se hagan evidentes; tal vez el reto mayor sea el de mantenerlos y multiplicarlos para que finalmente muchos más se vean beneficiados. Esto implica también que delante de ellos vaya un corazón amoroso y dispuesto a entregar lo mejor, sin cálculos tacaños ni asomos de avaricias.

Un talento nos invita a creer desde el interior, a comprender que somos el universo mismo, a sintonizarnos con la abundancia, a adueñarnos de nuestros pensamientos, a desistir de ser simples poseedores, a asimilar que todo circula porque finalmente somos dueños de todo y de nada. Es así como nos damos cuenta de que podemos materializar todo aquello de lo que estamos convencidos y de que podemos modificar nuestro enfoque frente al mundo para abrir las ventanas de la imaginación  y encontrar las verdaderas riquezas que estaban esperando nuestro aquietamiento para tomar conciencia de lo afortunados que somos.

Un talento debe ser puesto en acción para ampliar el termostato de nuestras riquezas al experimentar satisfacción cuando servimos, reconociendo al mismo tiempo que lo que debe ser, será.  Esto implica salir de las angustias del mañana para recuperar las fuerzas del hoy y encontrar la libertad para que las ataduras no nos priven del gozo de un verdadero encuentro, sellado por un abrazo. Renunciar a los reproches y encontrar lo bueno en los otros para volver a confiar en nosotros mismos. Fabricar argumentos que nos permitan dejar a un lado las conductas egoístas y prescindir de luchar contra lo que sentimos, para mantener el rostro hacia la Luz.

Que los talentos opaquen al pesimismo, que el empeño derrote a la fatiga, que podamos sonreír e ir en búsqueda de las más altas aspiraciones…

Alejandro Posada Beuth



12 mayo, 2022 Noticias

puesta de sol con guijarros en la playa de niza, francia. - paisajes fotografías e imágenes de stock

 

“La duda mata más sueños que el fracaso” Suzy Kassem

 

Una elección implica a su vez una renuncia. Es por ello que, ante la ausencia de claridad, con frecuencia vacilamos o no nos sentimos lo suficientemente seguros como para tomar decisiones, probablemente porque los argumentos no son suficientes y no terminan de convencernos ni siquiera a nosotros mismos.

Cuando existe la duda, las creencias se debilitan y, con ello, se afectan las acciones. Pero, a su vez puede ser que, precisamente por ella, ahondemos y profundicemos en el conocimiento  para consolidar nuestras ideas y recuperar la confianza, que muchas veces ha sido desplazada por presunciones. ¿Cuántas veces habremos endilgado culpas a otros simplemente basados en suposiciones que terminan siendo tan solo una muestra de nuestras carencias porque no nos basta con leer los ojos del otro para encontrar la certeza que buscamos? ¿En cuántas ocasiones habremos demostrado nuestra falta de amor al doblegarnos ante la inseguridad y el temor?  ¿En cuántas oportunidades habrá sido esquivo el perdón por camuflarnos en la desilusión o las decepciones al no aceptar nuestras propias limitaciones, sin comprender que el amor goza de plenitud y que por eso no reclama nada a cambio? O ¿Cuántas momentos fueron sacrificados por no haber visto más allá de unas apariencias que ocultaron valores y virtudes?

La duda y el escepticismo son hermanas y regularmente van acompañadas de bajas vibraciones que deterioran la convicción, la libertad y la abundancia. En ocasiones, ante la necesidad de sentirnos dueños y poseedores, fabricamos muros que obstaculizan el libre flujo de nuestras emociones. Dejamos entonces de reconocer las propias necesidades por valorar lo que nos falta y no lo que nos fue dado.

Pero si la duda sirve para deshacernos de verdades a medias, será maravilloso comenzar otra vez a partir de cimientos nuevos que generen consolidación y apoyo mutuo. Será la manera de volver a creer para sintonizarnos  y poner manos a la obra, en dirección de lo esencial. La incertidumbre puede ser carcelera de nuestro destino. Nacimos para ser libres y por eso es importante evitar la tiranía de las indecisiones.

Que, más que reproches o críticas que acrecienten la duda, podamos expandir la conciencia para volver a lo “seguro que no tiene misterio”. Que la vida esté llena de motivos y que, de esta manera, podamos proyectarnos con entusiasmo y fe. Que la elección de intuir a los demás parta de la autopercepción.

 

Alejandro Posada Beuth



9 mayo, 2022 Noticias

 

“Si tu compasión no te incluye a ti mismo, está incompleta” Jack Kornfield

 Desatar la bondad para tratar de aliviar la aflicción o el sufrimiento de alguien, puede ser una de las acciones más generosas y nobles de un ser humano. Tal vez un pequeño gesto, un guiño amable o un semblante alegre sean suficiente bálsamo para quien se siente herido. Quizá sea la mejor fuente de satisfacción para ese que se brinda en un acto de compasión, dando paso a la piedad y la misericordia.

Pero la compasión no debe ser confundida con un acto lastimero y, muy por el contrario, debe llevar implícito una especie de reto, de tal forma que sea el inicio de un despertar espiritual mutuo en el que primen el bien común y el desinterés. En el que realmente se transmita la compañía hasta agotar las angustias. En el que no haya reproches ni acorralamientos. En el que la ansiedad se disuelva en una caricia o en el que la sombra sea disipada por una creencia.

Un sueño puede alimentarse desde la compasión. Un pensamiento consciente puede emanar de la voluntad que educa la razón. La esencia de un aprendizaje puede estar inmersa en un acto de auxilio que prioriza lo humano  y reduce las distancias. Es cuando todos nos vemos incluidos porque la sintonía para salir airosos resuena con el corazón y nos permite ser auténticos, abiertos y confiables. No existen imposiciones o mandatos sino un invaluable respeto por otras visiones. Por eso el empeño y la profunda reflexión han de restaurar las mejores impresiones.

El simple hecho de escuchar puede ser una bella oportunidad para hacer de la compasión un verbo. En ocasiones no decir nada y guardar silencio como eco a las palabras del otro puede ser infinitamente más elocuente. Por eso no hay que perder de vista la magia y el poder que acompañan a un instante como estos, donde la empatía ya es un preámbulo que despierta el impulso mayor que requiere de la atención plena, con la que podemos hacernos partícipes de las virtudes y debilidades de aquel que suplica cuidado.

La compasión es pues, ser capaces de ponernos en contacto desde lo más elemental que es donde habita el verdadero Ser, ampliar nuestra capacidad de entrega, fluir e involucrarnos con el dolor y las frustraciones  ajenas comprometiendo nuestra capacidad de ayuda sin miedo al miedo y superando nuestras propias experiencias, reconociendo que también somos merecedores de esos sentimientos que fomentan la autoconsciencia y la construcción de un sendero de calidez y cordialidad…

 

Alejandro Posada Beuth



2 mayo, 2022 Noticias

“A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota” Teresa de Calcuta

 

En ese pequeño volumen que conocemos como una gota hay la suficiente energía para agrupar moléculas, mantener la fuerza de atracción y la justa tensión para conservar la estabilidad.

Así mismo, en una gota de ternura existe la misma intensidad expresada a través de un sentimiento de aprecio, de cariño puro, de amor franco, de dulzura. Pero, a su vez, de firmeza, respeto y reconocimiento por el otro. Es de donde parten la mirada cómplice y el abrazo que no terminan porque ya se ha sembrado la confianza suficiente como para entender y recibir al otro desde lo más sublime, sin que haya espacio para la duda. En ella está inmersa la necesidad de cuidar y proteger al otro y, por tanto, tampoco tienen cabida las suposiciones dictadas por el ego.

En una gota de alegría se identifica la sensación de estar completos porque no empoderamos a nadie y, más bien, nos hacemos responsables de nuestra propia felicidad que va seguida de una sonrisa contagiosa y de actos o gestos acordes, que nos permiten alejarnos de las limitaciones, vivir en abundancia, en un estado de agradecimiento que genera gozo permanente. En ella, hay una buena dosis de convicción que nos hace auténticos y que nos permite pensar en que nuestra naturaleza es bondadosa. Por eso la mezquindad y el juicio sin argumentos no pueden estar presentes.

Con una gota de seguridad volvemos a creer y a encontrar puntos de unión sin dejarnos llevar por nuestras propias carencias. Por eso, le damos al otro el beneficio de ser escuchado antes de condenarlo. Es cuando comenzamos realmente a valorar lo que poseemos, no lo que nos falta y que en ocasiones endosamos a quienes han estado cercanos, que terminan siendo los destinatarios de nuestras vacilaciones.

En una gota de libertad encontramos el derecho sagrado y suficiente como para emprender el vuelo y dejar que el otro lo haga, identificando y honrando las diferencias, sin que estas sean pretextos para romper los vínculos que ya habían sido sellados con el corazón. Por eso, si amamos, rompemos las ataduras e ilusiones que nos obnubilan y nos hacen sentir dueños de quienes están a nuestro lado. Surge entonces la necesidad mutua de encantarnos de nuevo para que haya tantas gotas de comprensión, calma, lucidez, generosidad, compasión y transparencia, como para poder volver al Ser esencial.

 

Alejandro Posada Beuth



25 abril, 2022 Noticias

“Si tu corazón es un volcán, ¿cómo esperas que en él broten flores? Khalil Gibran

En la medida en que nos hacemos conscientes de nuestras emociones, vamos generando señales que nos llevan a pensar que un sentimiento puede ser el motor más importante para una acción, aunque no necesariamente vaya precedido de la razón. Eso que nos dicta el corazón hace que se evoquen muchas impresiones o afectos que pueden ser la manifestación de huellas imborrables y que, incluso, pueden modificar por completo nuestras vidas.

Ante la espontaneidad de una emoción, debe surgir un intérprete, un sentimiento, que puede perdurar en el tiempo con base en la evaluación hecha de manera subjetiva y que se ve representado en  un estado anímico. Es así como, un sentimiento de unidad puede expresarse como fortaleza, compañía o como un vínculo mayor. O si es de tristeza se puede reflejar como añoranza o nostalgia. Y si fuera de euforia, como plenitud y gozo incalculable. O inseguridad y hasta angustia, si son los celos los que tratan de manifestarse.

Un sentimiento es una bella oportunidad para recordar lo susceptibles que somos, pero también lo maravilloso que resulta fluir con cada uno de ellos. Todo esto representa la afluencia del alma y la manera como la armonía hace parte de nuestro verdadero yo, para que el poder ordenador reoriente y exalte lo mejor de la humanidad en nosotros y, de esta forma, poder expresar la pureza que irradia más allá de allá y retira los velos de lo complejo. Esto tan simple ya puede ser inmensamente sanador.

Saber callar y restablecer el diálogo mental no debe confundirse con ocultar los sentimientos. Más que eso, se trata de sacarlos a flote reconociendo la necesidad de ser compartidos sin limitaciones. El universo es infinito y somos parte de él. Por lo tanto desconocemos las fronteras. Esto es acercarnos a la expansión como principio de la abundancia, partiendo de la posibilidad de declarar lo que somos, reconociéndonos como seres altamente sensibles, lo cual hace parte de nuestras fortalezas.

Nadie puede adueñarse de nuestras ideas o percepciones y por lo tanto, tampoco de nuestros sentimientos. Somos responsables únicos de aquello que nos conmueve y del modo cómo lo interpretamos.

Que a partir de ahora podamos sintonizarnos serenamente con cada  situación vivida y que después de aceptarla y hacerla parte de nuestro inventario podamos resonar, sin fricciones, para conocer la importancia de un verdadero sentimiento.

 

Alejandro Posada Beuth



18 abril, 2022 Noticias

 

“Cuando dejo ir lo que tengo, recibo lo que necesito” Tao Te Ching

La vida es cambio, movimiento, dinamismo. Por momentos nos aferramos y dejamos de comprender que es necesario fabricar el vacío para seguir recibiendo. El dejar ir constituye una buena estrategia para abrirnos al mundo de las posibilidades. Editar día a día nuestra existencia es conservar la capacidad de fascinarnos y de ir escribiendo cada episodio con entusiasmo, a pesar de los pesares. Es comprender que, al liberar y soltar, estamos  “cometiendo” el más bello acto de amor porque ir sin ataduras es remontar el vuelo para renovar fuerzas.

Dejar ir es asumir el desafío de rediseñarnos y mirar con optimismo para encontrar, en lo bueno, la mejor forma de relacionarnos desde lo sustancial y profundizar así en el sentir para intuirnos mutuamente y, de esta manera, cultivar el entendimiento suficiente como para pensar en metas comunes y en hollar juntos el sendero. Es proyectarnos de manera positiva aún a sabiendas de que no perdemos el derecho a equivocarnos. Es apartarnos del caos y recuperar el sentido. Es alejarnos del peligro de las formas y volver a lo fundamental. Es preguntarnos desde el ser para encontrar las respuestas que ya están inscritas en el universo, esperando el momento oportuno para acceder al verdadero conocimiento.  Es, además, decodificar las señales y explorar lo insondable para dar el paso de lo complejo a lo simple, donde habita Dios.

El miedo a la pérdida puede erigirse como uno de los grandes obstáculos para dejar ir. Los apegos impiden la llegada de nuevas circunstancias y con frecuencia nuestras emociones evitan que veamos otras formas de enriquecer lo cotidiano. Tal vez sea el momento de entregar generosamente y permitir que cada uno produzca su música interior y ponga el sello personal a sus acciones. Es posible volver a empezar y romper cadenas para continuar el camino propio entendiendo que lo ya recorrido no necesariamente debe marcar el destino.

Aceptar lo que es real, sin quedarnos con lo que quisiéramos que fuera, es un gran paso para dejar ir. Quedan atrás muchos pensamientos, creencias y vivencias que ponen a prueba nuestra resiliencia y llaman al orden a la creatividad para cambiar los puntos de enfoque y asimilar, aunque duela, aquello que ha de ser parte de los recuerdos. Es así como comienza el ritual interior de la entrega y la no resistencia. Es trasmutar y confiar en que lo mejor está por venir y en que nuevos aires harán que tomemos decisiones para aliarnos con el tiempo como el mejor diluyente…

 

Alejandro Posada Beuth



11 abril, 2022 Noticias

“Siempre es demasiado temprano para abandonar” Norman Vincent Peale

 

Cuando esa voz interior nos anima a continuar sin desfallecer. Cuando nos dicta cual es el paso a seguir e insinúa que vale la pena el esfuerzo. Cuando a pesar de la fatiga hay una necesidad absoluta de seguir avanzando ante la convicción de cambiar un destino. O cuando emerge un ímpetu mayor que nos mantiene enfocados, es entonces también el momento en que nos percatamos de que verdaderamente un compromiso es más fuerte que cualquier obstáculo porque el nivel de conciencia e intención hacen que se cristalicen las acciones y quede atrás lo trivial.

Un compromiso adquiere la virtud de lo sagrado porque están en juego el honor y la honestidad. Implica entusiasmo y decisiones acertadas de la mano del conocimiento. Más allá de las obligaciones está el deseo profundo de llevar a cabo aquello que hemos incluido en lo que consideramos jerárquicamente importante. Se pone a prueba nuestra capacidad de responder y con ella la voluntad que nos guía hacia la conquista  de acciones mayores. Es, sin lugar a dudas, un impulso que nos trasciende y que nos aleja de la vacilación. Es fascinante, por decir lo menos, porque nos permite volver al centro.

Cualidades como la confianza, la transparencia y la dignidad evidencian que, de por medio, hay un corazón que sella el compromiso. Ya no es necesaria una firma porque esa rúbrica la impone un ser diáfano y coherente. Basta mirar a los ojos para saber que ya está en marcha un pacto en el que el empeño está depositado con ahínco y con bríos. Algo nos recorre con una intensidad tal, que partimos de un resultado y no sólo de los procesos. Es ese anhelo por poder repetir al final del viaje, una expresión como  “sí se pudo” y es la forma de reafirmarnos en que la determinación nos lleva a buen puerto.

Un compromiso supera la autosuficiencia y el orgullo. Requiere de un orden meticuloso que nos conduzca a levantar los velos para encontrar la verdad y entrelazarnos, una vez más, con las aspiraciones más elevadas. Debe ser libre, espontáneo y proyectado en positivo con la fe puesta en que realmente sea un logro sin cambiar el sentido original para que se erradique la incertidumbre.

El conformismo, la mediocridad y la pereza van en contravía del compromiso. Por el contrario, la motivación y los mejores incentivos han de constituir el pilar fundamental sobre el que se base lo que, desde el mismo momento en que se asume, se constituye en algo solemne…

 

Alejandro Posada Beuth


VIAVIDA

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