PROMESAS

5 septiembre, 2021 by Lina Gonzalez

 

“Muchas promesas disminuyen la confianza” Quinto Horacio Flaco

 

La solemnidad de una promesa está precedida de quien consulta con su corazón para sellar el compromiso, más allá de la obligación. No es solo la voluntad la que se empeña, sino que se llena de ímpetu la decisión íntima de no ser inferior a lo ofrecido. La franqueza y la confianza son requisitos indispensables para que la credibilidad no sea puesta en tela de juicio. Por eso lo simbólico y representativo de estos actos.

La sonrisa que se desprende de una promesa cumplida, esa sensación de satisfacción que nos recorre cuando la palabra fue honrada y la integridad probada, son quizás las mejores compensaciones para esa conciencia que inscribió en el rincón de lo sagrado la necesidad de culminar con respeto profundo lo pactado.

En la noche está la promesa de un nuevo amanecer. En el llanto está inscrita la sonrisa que ha de venir. En la desilusión, la esperanza y el consuelo. En el enojo, el potencial de autoafirmarnos. En la huida, la ilusión del regreso. En la soledad, la complicidad del silencio. En la confusión, la compañía de quien nos ayuda a allanar el sendero. En la fatiga, el poder que surge cuando el logro se asoma. En la derrota, la provocación para crear. En la apatía, la intención inscrita del reencuentro. En la ausencia, las palabras del poema que se arroparon en lo profundo de nuestro ser y que nunca podrán ser arrebatadas del lugar de privilegio. En la ruptura, las mieles de la reconciliación. En la distancia, el mapa de regreso y en la debilidad, el soporte sentido de la mano que se extiende.

En la promesa descansa el sueño que limpia y depura los instantes mágicos que surgen cuando cerramos los ojos y se revela lo inefable. En ella se subliman las más grandes pasiones para colocarse el traje de los afectos, mientras la espera paciente esculpe en nosotros la quietud de lo imperturbable.

Resulta esencial que las promesas sean decretadas de manera consciente y conociendo los límites reales para que, al final, lo cosechado sea producto de la prudencia y la transparencia. La claridad debe ser condición para re-conocernos y nacer al ser que somos sin ningún tipo de resistencia para mirar desde adentro a quien habita en nosotros.

Que la solidez y el vigor permitan la manifestación total de lo que hemos labrado a lo largo de nuestra existencia y que el diálogo interior, honesto y firme, fecunde y consagre la promesa de ser mejores para que se mantenga encendido el fuego que transmute las turbulencias…

Alejandro Posada Beuth

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